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Albarracin, Condello, Vinclair: Catastrophes tiene tres cabezas pensantes que toman las decisiones editoriales (casi) por unanimidad. Bien es cierto que, ocasionalmente, ciertas alianzas puntuales se hacen y se deshacen; sin embargo, los ases bajo la manga y las amenazas de veto han sido hasta ahora puramente retóricos. Catastrophes es, pues, una revista mensual en línea que publica principalmente textos por entregas (works in progress) en verso o en prosa —quizás tendríamos que haber empezado por ahí—.

 

 

 

 

 

 

 

Desde enero de 2018, cada número cuenta con al menos tres sonetos (sección «États du sonnet»); y, desde octubre de 2018, un artículo crítico largo (sección «Sentiers critiques»), un ensayo teórico («Théorie») y una página dedicada a las artes plásticas («L'art hors les murs»). En once números (con una pausa estival), Catastrophes publicó a 69 autores, los más viejos nacidos en el siglo XI a. C., y los más jóvenes en 1992; estos autores son franceses, pero también estadounidenses, ingleses, argentinos, belgas, chilenos, chinos, italianos, jamaicanos, singapurenses y tunecinos. Forzosamente constatarán que publicamos en gran cantidad: cada mes, dieciséis autores nos confían textos de a veces hasta diez mil caracteres. Guillaume Condello no desalentó esta tendencia al publicar su poema serial «Tout est normal[1]», del que cada episodio podía tener más de diez páginas, quizás por aquello de la ausencia de restricciones que caracteriza a la publicación digital... Hecho del que el autor parece aprovecharse al máximo. Inminente es, sin embargo, su disponibilidad en papel: en diciembre (2018) aparecerá una antología de doce textos por entregas (ya terminados) en la editorial Le Corridor bleu. Justo antes de comenzar esta aventura nos parecía que algo faltaba en el panorama actual: las revistas en papel ya no tenían el rol de organizar el campo poético que en otro tiempo habían tenido (Action poétique, Change, TXT…), y los principales portavoces de la poesía en Internet (Poezibao, Sitaudis) dejaban más espacio a la revisión crítica que a la creación propiamente dicha. Kerouac, ¿dónde publicaría él hoy en día? La misma pregunta nos hacemos sobre el resto de los autores que nos gustan, tanto los muy conocidos como los poco conocidos, los desconocidos, los pseudonómicos o inexistentes (en el caso de los heterónimos): Ezra Pound y Clément Kalsa, Pierre Lenchepé y Jacques Roubaud, Olivier Domerg y Julian Brolasky, Christian Prigent y Christopher Logue, Ivar Ch’Vavar y Eliot Weinberger, Fanny Garin y Hamid Roslan conviven en nuestros sumarios.

 

Mientras que la mayoría de las veces invitamos nosotros mismos a los escritores a los que nos gustaría leer, recibimos en ocasiones gratas sorpresas en nuestra dirección de correo electrónico: revuecatastrophes@gmail.com. No habríamos publicado, de no ser así, textos de Guillaume Artous-Bouvet, Jihen Souki, Julian Brolaski y Julien Boutonnier, por ejemplo. Obsérvese la única condición que ponemos a los textos que recibimos (ninguna forma o temática nos repele a priori): que la poesía se sostenga sobre sus propios pies, una forma original y pulida al servicio de visiones potentes. Potentes, pero sin excluir, por ejemplo, un cierto lado excéntrico: no son los signos externos de la potencia, «lo pomposo», aquello que nos interesa. Que tengamos la impresión de recomenzar todo desde cero, de hablar por vez primera: eso es lo que nos conmueve. Raramente, además, por las mismas razones: nuestras sensibilidades, nuestros gustos, nuestros clásicos difieren, y nos completamos tanto como disentimos. Singapur, por ejemplo, está (en comparación con la idea habitual de la poesía internacional en Francia) muy representado: es porque Pierre Vinclair, que vive allí, invita a los poetas que conoce y cuyos libros le agradan a proponer sus works in progress (inéditos en su propio idioma), para traducirlos y publicarlos en Catastrophes.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tregua, basta de cháchara, regresemos a cosas más concretas: cada número de Catastrophes está compuesto por un editorial —escrito alternativamente por uno de los tres editores— y un sumario que distribuye los distintos textos del mes en categorías relacionadas con el tema del sumario; estas categorías, cuyo uso es en gran parte decorativo, permiten articular la continuidad de los textos (fundamental en los textos por entregas) y la discontinuidad de los temas (que cambian cada mes). Un ejemplo: el número 8, «Poètes au travail[2]», contenía un editorial de Guillaume Condello y varios textos repartidos en cuatro categorías (cadres, ouvriers, board, marchands) que no tenían ninguna relación con las categorías del número anterior, «Je est un fish[3]» (club, tranimal, skag, fish), a pesar de que muchos textos por entregas estaban presentes en ambos números. Voilà, ¿qué más podemos decir? Weinberger, primer autor extranjero al que tradujimos y publicamos, inaugurará también la versión en papel de Catastrophes: su «Mahomet» —un relato a la vez distante y luminoso— no se priva de nada y, ante todo, habla, sin hacer una montaña de un grano de arena, de lo que de verdad importa. Xavier Grall dijo: «Desde que me conozco, el mundo se me aparece como un fenómeno realmente extraordinario, y cada ser, ya esté sumido en la oscuridad o metido en su felicidad, está dotado de una importancia primordial y, por así decirlo, fabulosa». Y nosotros, ¿estamos de acuerdo? Zaratustra lamentaba que «todos los poetas creen que el que está tendido en la hierba o en una pendiente solitaria, aguzando el oído, aprende algo de lo que pasa entre el cielo y la tierra»; y es entre estas dos visiones —entre la confianza en la capacidad de la poesía para decir algo misterioso, y la lucidez crítica y deconstructiva de las aptitudes de la seducción poética— donde Catastrophes se mantiene y avanza.

 

[1] https://revuecatastrophes.wordpress.com/category/tout-est-normal/

[2] https://revuecatastrophes.wordpress.com/numeros/anciens-numeros/8-poetes-au-travail/

[3] https://revuecatastrophes.wordpress.com/numeros/anciens-numeros/7-je-est-un-fish/

TRADUCCIÓN DE