FRACAS (2).gif
  • Facebook
  • Twitter

Durante mis estudios de artes plásticas, descubrí a una performer inglesa que casi me convierte. Era petisa y regordeta, con una energía de pila eléctrica, característica recurrente entre las chicas petisas y regordetas, como he podido constatar con los años. Nada más que su nombre me gustaba: Hayley Newman. Newman como Paul o Barnett (con una preferencia de mi parte por el actor que se convirtió en el rey de la vinagreta más que por el líder de la Colorfield Painting), y Hayley como el cometa, con tan solo una Y-transformada-en-L de diferencia.

El Centro de Arte Contemporáneo de mi ciudad la había invitado para una exposición monográfica. Muchas fotografías de performances en blanco y negro (eso sirve de archivos históricos), pero también en colores (lo más llamativo), acompañadas de muchos textos explicativos para leer, en carteles largos como un brazo. Y también videos emitidos en viejos monitores cúbicos que pesaban toneladas, dispuestos directamente en el suelo, o proyectados en las paredes por elegantes beamers suspendidos de los techos. A la salida, una pila de fotocopias para saber más sobre la vida, la carrera, los premios o la fecha precisa de nacimiento de Hayley. No tomé ninguna fotocopia. En cambio, compré un catálogo.

En la tapa se ve a la artista vestida con un abrigo de leopardo, tendida boca abajo sobre el suelo de hormigón, con las piernas y los brazos separados. Un poco como el Hombre de Vitruvio, pero de espaldas, acostada y vestida. Y versión femenina, obviamente. Examinando la imagen, notamos una diadema con orejas de gato sobre los cabellos enredados de la artista. La foto fue tomada desde arriba (toma en picado) para acentuar el efecto de aplastamiento. Parece un personaje de Tex Avery después de caer desde lo alto de un cañón, cuando su silueta se corta en la tierra agrietada como una pieza de rompecabezas bien hundida. Pensamos igualmente en una piel de animal desplegada como alfombra dentro del palacio de un marajá (tigre), o en una cabaña en Canadá (oso), o en un interior Ikea (vaca). Hojeando el catálogo, comprobamos que no estábamos del todo equivocados: la obra se titula Cat Suicide.

Hayley documenta performances que jamás tuvieron lugar y que solo existen en fotografías. En eso se distingue de las pioneras en su ámbito, las Marina Abramović, Valie Export, Gina Pace, Hannah Wilke, Carole Schneeman, Yoko Ono y otras Orlan que ponían sus cuerpos realmente a prueba durante los años 60 y 70. Aunque hoy esas abuelas de la performance también se ponen (a producir imágenes de performances más que performances). Es más lucrativo y menos agotador. Un fotógrafo de prestigio, un marco pintoresco, una armada de asistentes devotos, algunos accesorios juiciosamente elegidos y, ¡ya está! Todo eso termina en impresiones en aluminio de gran formato dispuestas sobre elegantes canapés concebidos por diseñadores milaneses.[1]

En el catálogo, se descubren las (falsas) performances que Hayley puso en escena en los años 90. La mayoría de ellas son bastante divertidas, lo que no es muy frecuente en este medio de expresión, donde el dolor y la desnudez siguen estando a la orden del día (los performers como mártires). Se percibe que Hayley estudió muy bien How to make a Happening de Allan Kaprow. Que lo leyó un montón y que no tiene miedo de jugársela, incluso si, de hecho, al final no lo hace. Propone (y sobre todo documenta con fotografías) acciones incongruentes, como por ejemplo:

- sentarse en un pupitre y transcribir con la mano derecha en una hoja de papel las sensaciones experimentadas por la mano izquierda, que manosea un gran trozo de manteca (A Traslation of the Sensation of the Left Hand into the Right).

- bailar con una minifalda hecha con micrófonos (que recuerda furiosamente a la de bananas de Josephine Baker) y grabar el ruido de los micrófonos que se chocan unos con otros (Microphone Skirt).

- exponerse al sol todo un día con una combinación que recubría todo el cuerpo excepto las partes íntimas (o sea, un traje de baño invertido), luego posar completamente desnuda en un canapé exhibiendo senos y pubis escarlatas (Meditation on Gender Difference).

- crear un coro de fumadores que aspiran y expiran el humo siguiendo el ritmo de la batuta de un director de orquesta, donde cada pieza tenía la duración de un cigarrillo (Smoke, Smoke, Smoke).

- preparar una sopa de verdura con las manos atadas detrás de la espalda, no usando más que su boca y sus dientes, eventualmente su nariz, para llevar el agua de la canilla hasta la cacerola, masticar las verduras hasta reducirlas a pequeños trozos, depositarlas en la cacerola, girar la perilla de la cocina, revolver todo con una espátula de madera, y finalmente servir la sopa con un cucharón (Instruction For Making Soup).

Pero mi obra favorita es esa en la que se ve a Hayley acostada sobre un sillón médico, la boca bien abierta, con una impresionante jeringa clavada en las encías por una mano desconocida enfundada en un guante de látex. El texto bajo la foto explica que su dentista está por anestesiarla justo antes de que ella dé una conferencia sobre su trabajo. La performance se llama Lock-jaws Lecture Series. Lo que se podría traducir como Series de conferencias con los dientes acerrojados.

*

No sé qué fue de Hayley Newman después de los años 90. Si desapareció de circulación o si continúa en la misma veta artística. Pienso en ella cada año cuando voy al dentista. Cuando salgo con la mandíbula paralizada, algo que sigue siendo bastante frecuente (de niña, no tuve acceso a la sal de mesa fluorada, por lo que mi tasa de caries es muy elevada), ni bien cierro la puerta del consultorio, no puedo evitar leer en voz más o menos alta (según haya o no gente a mi alrededor) todos los textos que aparezcan en mi campo de visión. Decir OTICH ASCHENCHOR, FARMACHIA DE CHURNO o incluso PROHIBICHO ECHTACHIONAR, produciendo un hilo de baba al mismo tiempo, es una experiencia que me encanta y a la vez me refuerza en la idea de que hice bien en no tratar de lanzarme a la performance.

 

 

 

[1] La más activa en este campo es Marina Abramović. Hoy es posible adquirir todo tipo de fotografías que muestran a la artista serbia en poses singulares, partiendo o no de sus performances. Algunos ejemplos, entre otros: Marina levantando un cordero por sobre su cabeza. Marina orando ante un burro. Marina agarrando los cuernos ensangrentados de una cabra. Marina con una pila de leña en sus brazos. Marina, los ojos cerrados, con un escorpión sobre su rostro. Marina con un águila agarrada a sus cabellos. Marina con una serpiente enrollada alrededor de su cuello. Marina con un vaso de agua. Marina limpiando un hueso con un cepillo de dientes. Marina llevando un esqueleto en la espalda. Marina con un pullover rojo y una trenza del lado derecho. Marina con un pullover blanco y una trenza del lado izquierdo. Marina con un par de sandalias sobre las que se ha escrito FUCK (pie izquierdo) y NEGATIVITY (pie derecho).

UN TEXTO DE

TRADUCCIÓN DE