UN CUENTO DE 

Traducción de 

Platico con mi hermana en un enorme supermercado. Me explica que en realidad es difícil integrarse en dos días al grupo de Maurice Béjart, sobre todo cuando nunca aprendimos a bailar.

 

Maurice Béjart la llama a su celular justo en ese momento para anunciarle que está muerto. Caemos en los brazos de la una y de la otra: nuestro sueño se hunde.

 

¡Le grito que tenemos que encontrar otro medio! Me dice que sí, y que de hecho acaba de tener un hermanito de 6 años, que se llama Nans y que es Primer Ministro.

 

Giro la cabeza hacia el mostrador de periódicos para ver una foto de él en la portada, pero no hay sino periódicos que muestran mi propio rostro llorando y con, escrito más abajo, “Una mujer rota”.

 

De golpe me doy cuenta de que el hermano de mi hermana es mi hermano. Un gozo inmenso me invade. Le digo a mi hermana que entonces estamos salvadas, podemos formar un grupo de danza ella, Nans y yo.

 

Pero mi hermana está en cuatro patas en el supermercado comiendo palomitas, a ras del suelo, y ya no comprende lo que le digo, pues ha decidido volverse china.

 

Me precipito hacia la sección china para hallarle comida china; me da miedo que muera envenenada por una comida incompatible con su nuevo sistema digestivo chino.

 

Un vendedor especializado, de nombre ‘Kevin Para Servirle’, me explica que en China las personas no comen sino palomitas. Rompo a llorar.

 

Ahora sin familia, me dirijo hacia la salida del supermercado que se incendia mientras cruzo la última puerta de vidrio.

 

A mis pies, me encuentro una moneda de cinco francos suizos en el piso. Es de plata, mide 50 centímetros de diámetro y está toda llena de cenizas.

 

La recojo y me digo que la limpiaré en casa para hacerme un plato, porque siempre es bueno limpiar la plata antes de comer en ella.