UN POEMA DE 

Me inundó el licor

de botellas empolvadas,

mis dedos y el rastro sobre el vidrio

donde fulguró mi rostro.

 

Me sentí solo, 

es verdad,

el alcohol multiplicó mi compañía.

 

Cerré la hoja de madera

para que nadie abandonara

(y nadie se sumara a la función);

 

amaneció abierta,

la botella partida y sin descorchar,

el agua de las venas esparcida,

 

las frutas podridas en la humedad.